miércoles, 2 de marzo de 2011

Patrimonio, identidad y autenticidad.

Patrimonio Histórico Artístico.
PRIMERA PRÁCTICA.
Introducción: Patrimonio, identidad y autenticidad.
Todo trabajo de síntesis requiere un amplio conocimiento de los temas y objeto de análisis. En este caso, son tres las fuentes que analizamos desde un punto de vista crítico para esclarecer qué significan las pretensiones del preámbulo de Nara en el documento referido(), aunque completemos esas pretensiones colegiadas de conservadores de bienes culturales con otras tendencias críticas que se exponen en los textos que después mencionaremos() Tres ideas principales son las que pueden extraerse de ese documento, calificable como alerta patrimonial y alerta, además, sobre las ideas globalizadoras con las que se tiende, en estos momentos, a valorar y catalogar cualquier bien patrimonio de la humanidad, alertando especialmente en la desaparición de la “unicidad” y dificultad manifiesta de mantener tal originalidad en tanto que gran parte de oficios han desparecido, y la puesta en valor de un bien patrimonial, tiende a copiar procesos ajenos a las fórmulas hábiles en la zona o en el ámbito cultural de ese bien. En uno de sus anexos, este documento de Nara, conviene lo siguiente:()
El respeto de la diversidad de la cultura y del patrimonio requiere esfuerzos conscientes para evitar la imposición de fórmulas mecánicas o procedimientos estandarizados en el intento de definir o determinar la autenticidad de monumentos o emplazamientos determinados”.
Los tres textos estudiados refieren las mismas circunstancias de veracidad del objeto patrimonial, veracidad condicionada a procesos restauradores y puesta en valor, además de definir los procesos culturales de cambio de pensamiento en la admisión, conservación y puesta en valor. En el caso del artículo () de Ignacio Henares, en el que el repaso por la historiografía de la valoración y la conservación define con corrección los procedimientos que se han de seguir y que erróneamente se han seguido en la catalogación, documentación y restauración de bienes culturares muebles e inmuebles:
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Efectivamente el referido enunciado de valores diferentes a la hora de considerar el bien cultural, histórico y artístico, resulta de las consideraciones de esta obra de Riegl, que reinterpreta el profesor Henares glosándolo como una serie de valores que, concatenados, conforman la puesta en valor dentro de la sociedad burguesa del XIX y principios del XX, y la consideración social que tales valores revierten en la obra de arte, en lo histórico, en lo arqueológico dando lugar a múltiples apreciaciones historicistas sobre los valores de los bienes culturales que la arqueología y otras ciencias redescubren en variadas facetas y que ponen en valor a disposición de ese culto a la historia de la humanidad. ()
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Ignacio Henares analiza a partir de la valoración historiográfica de la autenticidad las aportaciones que el historiador del arte debe hacer en general, la apuesta que infiere por la conservación de conjuntos históricos urbanos, aunque evita comentar, los habituales clientelismos entre el poder político y el poder académico que desvirtúan, la mayoría de las veces, la labor del historiador del arte, del arqueólogo, y otras profesiones intelectuales encargadas de valorar positiva o negativamente un informe. Aquí podemos ubicar “algunas reflexiones sobre la autenticidad” (extraídas del “Manual para el manejo de los sitios del Patrimonio Cultural Mundial”, publicado por ICCROM, UNESCO, Centro del Patrimonio Mundial e ICOMOS, 2003)
Hemos visto como el documento de Nara enfatiza sobre la valoración de autenticidad de un bien cultural, sea cual sea su origen; cómo se trata, en este documento, de establecer unos principios rectores que ayuden a establecer ese vínculo con lo original; definir qué es original, copia, etc; pero, todo ello convertido en un principio ajustado al valor patrimonial que cualquier bien pueda tener para el conocimiento histórico de la humanidad, aunque existe un condicionante extremo que citamos textualmente: ()
De acuerdo con las Normas Operativas deben considerarse cuatro aspectos en la autenticidad: autenticidad del diseño; autenticidad de los materiales; autenticidad de la arquitectura; y autenticidad del entorno. Para ser nominado en la Lista de Patrimonio Mundial, el bien cultural debe mantener su integridad respecto de estos cuatro tipos de autenticidad”.()
Pero son los valores que llevan a la autenticidad los que, realmente importan, de tal manera que a veces unos se contraponen a otros y, es lógico, que se establezca una jerarquía que aflore en la catalogación del bien cultural o patrimonial.
Y es en ese proceso de valoración de la autenticidad en donde aparecen las intervenciones realizadas a “posteriori” y el dictamen que debe exponerse sistemáticamente para que el valor cultural o patrimonial no pierda su autenticidad, y de ahí derivan todas las normas sobre reconstrucción, restauración, puesta en valor, etc. Podríamos hacer un recorrido lineal por los diferentes tipos de valoración de la autenticidad y el proceso de puesta en valor o simple reatauración o reconstrucción pero mejor remitirse directamente al texto() por la certeza y claridad expositiva, y conceptualizadora de los bienes tangibles a los que hace referencia. Tal vez como cita referida a todo el proceso de valoración de la autenticidad podríamos exponer una de las preguntas y consecuente respuesta() :
¿QUÉ VALORES INFLUYEN EN LAS INTERVENCIONES? Muchos valores pueden asociarse con los bienes patrimoniales; aquellos que son considerados significativos proveerán justificaciones para su protección y conservación. Tales valores fluctúan entre los históricos y los comerciales, y un solo bien puede poseer valores conflictivos que dificultan en modo particular las decisiones de gestión; sin embargo los valores de juicio pueden cambiar con el tiempo. Si se trata de sitios del Patrimonio Mundial, las consideraciones deben incluir: valores culturales y valores socio-económicos actuales.
Es uno de los grandes problemas de la actualidad en donde la intervención puede interferir de una forma extraordinaria con el objeto original, pueden usarse contrastes en las reconstrucciones, puede evidenciarse la puesta en valor a través de la alteración de la propia autenticidad, como es el conocido caso de el teatro de Sagunto, en Valencia. La valoración y la jerarquización de tal valoración supone siempre, o casi siempre, más una disposición política que adolece, además, de algo que no he visto en ninguno de los documentos mencionados y es: “la perspectiva histórica”. Poner en valor, mantener, reconstruir o restaurar cualquier bien, implica pensar en la posterioridad y ese no es un valor tenido en cuenta. Es cierto, que en la actualidad las ciencias auxiliares que ayudan al historiador del arte a elaborar un plan gestor de una restauración o reconstrucción evitan la destrucción de cualquier registro histórico, pero podríamos preguntarnos ¿cuantas pinturas al fresco, visigodas, bizantinas, románicas, góticas e incluso renacentistas hemos perdido en restauraciones del XVIII, XIX y principios del XX? La lista podría ser cuantiosa.

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